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UNA
TRAVIATA DE
HOY
Teatro
Jovellanos, Gijón, 7 de julio de
2006
Reparto: Svetla
Krasteva, Violetta Valery; Ricardo Bernal,
Alfredo Germont; Luis Cansino, Giorgio Germont;
Milagros Martín, Flora Bervoix; Daniel Huerta,
Gaston; Román Fernández, Barón Douphol; Borja
Quiza, Marchese D´Oubigny; Miguel Ferrando,
Doctor Grenville; Paula Lueje, Annina.
 Orquesta
Sinfónica de Gijón Coro de la
Orquesta Sinfónica de
Gijón Dirección
Musical: Oliver
Díaz Dirección de
escena: Federico
Figueroa Diseño de
Escenografía: Filiberto Montesinos y Federico
Figueroa Diseño de
Iluminación: David
Pérez Diseño de
Vestuario: Emmanuel
Alonso Coreógrafo y
primer bailarín: Iván
Martín Primera
bailarina: María López
Coproducción
Teatro Jovellanos y Producciones
Guridi
Llevar a escena
un título popular es tarea difícil hoy en día
porque supone enfrentarse a un público exigente
que siempre va a esperar que una obra tan manida
sea algo que le emocione y que no le deje
indiferente. Producciones Guridi en coproducción
con el Teatro Jovellanos de Gijón optó por subir
Traviata a escena, ante un público que siempre
está deseoso de que la ópera vuelva a la ciudad
ya que, desgraciadamente, no suele ser habitual
dentro de su programación.
 La
parte vocal y musical fue seleccionada con buen
acierto. Svetla
Krasteva fue una Violetta entregada desde el
principio al fin y su voz se mostró bella,
ofreciéndonos pasajes de verdadera intensidad
como el aria del último acto Addio al
pasato, además, utilizó todos sus recursos
vocales para adaptarse al papel según las
dificultades y las exigencias. Recordemos que,
el mismo Verdi sugirió que eran necesarias “tres
sopranos en una” para
poder abordar cada uno de los actos de ésta
ópera, debido a las diferentes necesidades y
dificultades técnicas
de cada uno de ellos, y Svetla Krasteva demostró
poseer cualidades para afrontar y superar todo
el requerimiento del papel. El tenor mexicano Ricardo
Bernal puso ganas en su actuación y aunque
ésta fue aseada y tiene posibilidades que debe
desarrollar, no estuvo vocalmente a la misma
altura que su compañera, en gran parte por el
volumen limitado de su voz. Luís
Cansino fue un Germont autoritario y lo
demostró tanto vocal como escénicamente. Sin
ninguna fisura en su intervención realizó una
construcción del personaje inteligente y que fue
ganando en intensidad. Milagros
Martín fue una Flora que aportó una calidad
asegurada, y del resto de los participantes
destacamos al joven Borja Quiza como Marqués y
la Annina de Paula Lueje. El Coro de la
Orquesta Sinfónica de Gijón, dirigidos por
Beatriz
Díaz, mostró una gran profesionalidad y una
alta calidad, teniendo en cuenta que no existe
en la ciudad una temporada estable de ópera. Oliver
Díaz realizó una notable labor con la Orquesta
Sinfónica de Gijón, de la cual es director
musical y artístico y de la que ha conseguido
obtener un notable nivel en los músicos,
especialmente en la sección de cuerda. Oliver
Díaz estuvo atento y dirigió con precisión y
seguridad. Los tempi
elegidos que en general fueron adecuados,
ocasionaron pérdida de tensión dramática en el
dúo entre Giorgio Germont y Violetta en el
segundo acto y produjeron algunos desajustes con
los solistas, que fueron solventados con rapidez
e inteligencia.
 Esta Traviata,
firmada por el director de escena Federico
Figueroa, fue presentada como una verdadera
historia actual. Violetta vive en un mundo
hipócrita, en el que se hace patente la soledad
del ser humano, las relaciones aparentes, los
deseos y las pasiones más ocultas, la
desesperación ante el sufrimiento del encuentro
del auténtico amor. La acción transcurre en un
mundo descarnado y real, articulada mediante un
hilo argumental perfectamente estudiado y
coherente desde el inicio hasta el
último suspiro de la protagonista.
Una
ambientación de plena congruencia en el siglo
XXI, donde pudimos apreciar buenas dosis de
ingenio. La iluminación a cargo de David Pérez
mostró una mezcla entre escepticismo y
decadencia y contribuyó a crear el clima
adecuado en cada momento, frialdad en ocasiones
y fuego intenso en otras, como en la fiesta que
transcurre en casa de Flora, un contraste
lumínico que estuvo equilibrado en todo el
desarrollo dramático. Es importante no confundir
el talento artístico con las estrecheces
presupuestarias, que fueron evidentes, tanto en
los elementos escénicos como en el diseño del
vestuario. Es más, ajustar las buenas ideas a
los presupuestos que se manejan actualmente en
el campo de la lírica es un verdadero arte. Aun
así, Federico Figueroa consiguió mostrar un
mundo
que no es otro sino el que nos ha tocado
vivir. Quizá este sea el motivo por el que un
sector del público mostró cierto rechazo ante la
propuesta escénica, pero este repudio no es otro
diferente al que el mismísimo Verdi sufrió en su
día, cuando optó por presentar una Traviata
descarriada y actual del momento; por supuesto,
en el s.XIX, el rechazo fue unánime ya que el
público no fue capaz de soportar verse reflejado
tan abiertamente, y esa desnudez interior es la
que nos sedujo el pasado 7 de julio. ¿Qué nos
ocurre, no hemos evolucionado un siglo y medio
después? ¿Seguimos anquilosados en los mismos
prejuicios arcaicos de nuestros antepasados? ¿No
somos capaces de aceptar la realidad en la que
vivimos y asumirla? Es una lástima que ante
propuestas tan claras e inteligentes nos
encontremos con un sector del público tan pobre
interiormente. En definitiva, pudimos disfrutar
de una Traviata real, actual y diseñada para la
reflexión del ser
humano.
Fotos: Cedidas por
Producciones Guridi


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